The New Yorker–Obama, July 16, 2008

by Bob Row

Blitt_NYorker-Obama

This cover by Barry Blitt stirred a lot of arguments about freedom of speech, political responsibility and illustration language. I contributed with some thoughts in two American colleagues forums.
Daryl Cagle call it a “lousy cartoon” because “There is no frame of reference in The New Yorker’s cover to put the scene into perspective.” I agree with that and I think that to include the article’s title (”The politics of fear”) in the cover would suffice. But I said also that “I think that a publication can rest on its segmented audience to understand the non direct approach of narrative if this is its regular style. Even Picasso’s cubism was not understood at first but just by a tiny circle. With time and education that circle become wider. I think the big public will not be misguided by a New Yorker’s cover as it was by the twisted information that was given to them by the mainstream media many times in the later years.”
Steve Brodner celebrates the non compromising truth delivered by this satire (”this is what the rightist innuendo has been”) and how well it fits: “the New Yorker style, which is a very detached, sangfroid approach. Things are always hit sideways. Barry, who is one of the best cover artists, lives that attitude.” I tried to convey the idea that a liberal, even radical vision doesn’t’ suffice when there political vultures are soaring: “I’m all for total freedom in Art and in the right of speech. But I’m for responsibility in publishing matters too. Being from a country plagued with military coups and a strong tradition of political caricature we learned some lessons about subtlety. Those in the left too, learned from the urban guerrilla warfare of the seventies how destructive the enlightened middle class elitism can be. You can hold an awful true in private and share it to your private friends. When entering the public stage you have to be wiser, if you won’t to be smashed by an ethics deprived enemy.”

Esta tapa por Barry Blitt agitó muchas discusiones acerca de la libertad de palabra, la responsabilidad política y el lenguaje de la ilustración. Yo colaboré con algunos pensamientos en los foros de dos colegas norteamericanos.
Daryl Cagle lo considera “un pobre chiste” porque: “No hay un marco de referencia en la tapa del New Yorker para poner la escena en perspectiva.” Yo estoy de acuerdo con esto y pienso que incluir el título del artículo (”La política del miedo”) habría bastado. Pero también dije que: “Pienso que una publicación puede confiar en que su segmento de audiencia va a entender un abordaje narrativo indirecto si ese es su estilo de siempre. Incluso el cubismo de Picasso no fue comprendido sino por un pequeño círculo al comienzo. Con el tiempo y la educación, ese círculo se ensanchó. Pienso que el público general no va a ser mal guiado por una tapa del New Yorker como lo fue por la información retorcida que le dieron los grandes medios muchas veces en los últimos años.”
Steve Brodner celebra la verdad sin retaceos entregada por esta sátira (”esto es lo que los derechistas han venido insinuando”) y cuán bien ella se ajusta al: “estilo del New Yorker, que es una aproximación muy de sangre fría y desafectada. Las cosas son siempre tocadas de costado. Barry, que es uno de los mejores artistas de tapas, vive esa actitud.”
Yo traté de incorporar la idea de que una visión liberal, incluso radicalizada, no basta cuando hay buitres políticos sobrevolando: “Estoy totalmente a favor de la libertad en el Arte y del derecho de expresión. Pero también estoy por la responsabilidad cuando se trata de asuntos publicados. Siendo de un país plagado por golpes militares y con una fuerte tradición de caricaturas políticas, hemos aprendido algunas lecciones sobre la sutileza. Aquellos en la izquierda, también aprendieron del guerrillerismo urbano de los setenta, cuán destructivo puede ser el iluminismo elitista de la clase media. Se puede poseer una verdad terrible en privado y compartirla con los amigos. Cuando se entra al escenario público, uno tiene que ser más prudente si uno no quiere ser aplastado por un enemigo privado de ética.”

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