Beatriz Sarlo, March 4, 2009

by Bob Row

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This article (Spanish) by Carlos Torrengo draws an interesting sketch of the intellectual scene in Argentina according to the political divide. Beatriz Sarlo is recognized as a leading social and cultural essayist who -under the military regime- manged to found the magazine “Punto de Vista” (Point of View) and published it until recently. Starting from an utterly self-criticism of failed dogmatic assumptions of the leftist camp she (together with other prominent colleagues) moved into a reasoned theory of Democracy. Her group’s influence peaked with Raúl Alfonsín’s presidency to dwindled in later years with Néstor and Cristina Kirchner. As Sarlo’s opinions turned to be published by the mainstream media (seen as the political opposition intellectual crucible) she’s been accused of relaunching the old intellectual anti-peronist prejudices.

Torrengo tries to summarize Sarlos’s critic of the government ways by means of the Italian Marxist Pietro Ingrao’s warn against “the reduction of politics to war”. There, political success just means to defeat the enemy; thus, the government is wrongly dubbed as “hegemonist”. Instead, she proposes to revalue Gramsci’s concept of “hegemony” as a system of many “chained consensus” supposed to make room for “the other”. This is called “a historic block”.

This is a version of Gramsci’s theories as lukewarm reformism proposed twenty years ago…an utterly failed at the hands of the financial Capitalism’s “shock and awe” strategy. This version is disloyal with the true revolutionary spirit of Gramsci who didn’t resign his socialist ends until his death. While Gramsci stressed the cultural aspects of a “moral direction” of the Society, he was clear in that a “historic block” has to combine consensus with subordination of the staunchly oppositional class fractions. I by no means try to present the Kirchners as nothing close to revolutionary. But, after the abyss reached by Argentina in 2001, is clear to me that the first commitment is to secure the preeminence of the political system (which means to reinforce the State) over the untied forces of the Market. And now, when Argentina’s crisis is understand as a metonymy of the global capitalist crisis, this is just obvious.

 

Este artículo de Carlos Torrengo dibuja un interesante boceto de la escena intelectual en Argentina de acuerdo con la división política. Beatriz Sarlo es reconocida como una prominente ensayista social y cultural quien -bajo el régimen militar- se las arregló para fundar la revista “Punto de Vista” y la publicó hasta hace poco. Empezando desde una autocrítica completa de las falladas presunciones dogmáticas del campo izquierdista fue (junto a otros importantes colegas) desplazándose hacia una teorización razonada de la Democracia. Su grupo alcanzó picos de influencia con el gobierno de Alfonsín para apagarse en los últimos años con los de Néstor y Cristina Kirchner. Como las opiniones de Sarlo pasaron a ser publicadas por los diarios tradicionales (vistos como el crisol intelectual de la oposición) ella ha sido acusada de relanzar los antiguos prejuicios intelectuales anti-peronistas.

Torrengo intenta sintetizar la crítica de Sarlo a las modalidades del gobierno por medio de la advertencia del marxista italiano Pietro Ingrao contra “la reducción de la política a la guerra”. Allí, el éxito político significa sólo derrotar al enemigo; entonces, el gobierno es erróneamente calificado de “hegemónico”. En cambio, ella propone revalorar el concepto gramsciano de “hegemonía” como un sistema de muchos “consensos eslabonados” que supone dejar espacio para “el otro”. Esto es llamado “un bloque histórico”.

Esta es una versión de las teorías de Gramsci como un tibio reformismo propuesta hace ya veinte años…y totalmente fracasada a manos de la estrategia del Capitalismo Financiero de “conmoción y pavor”. Esta versión es desleal con el espíritu realmente revolucionario de Gramsci, quien no renunció a su meta socialista hasta su muerte. Aunque Gramsci subrayaba los aspectos culturales de una “dirección moral” de la Sociedad, fue claro en que el “bloque histórico” tenía que combinar el consenso con la subordinación de las fracciones de clase irreductiblemente opositoras. Yo no pretendo presentar de ninguna manera a los Kirchner como algo ni aproximadamente revolucionario. Pero, después del abismo alcanzado por la Argentina en 2001, me queda claro que el primer compromiso es asegurar la preeminencia del sistema político (lo que significa reforzar al Estado) sobre las fuerzas desatadas del Mercado. Y ahora, cuando la crisis argentina es comprendida como una metonimia de la crisis capitalista global, esto es simplemente obvio.

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